ASESINATO DE CARRERO BLANCO

El asesinato de Carrero Blanco, también conocido por su nombre en clave “Operación Ogro”, fue perpetrado por el grupo armado ETA el 20 de diciembre de 1973 contra el almirante Luis Carrero Blanco, el entonces presidente del gobierno de España durante la dictadura franquista. El asesinato provocó un hondo impacto en la sociedad española de la época, ya que suponía el mayor ataque contra el régimen franquista desde el final de la Guerra Civil Española en 1939.

La desaparición de Carrero Blanco tuvo numerosas implicaciones políticas, en un momento en que se hacía evidente la decadencia física del dictador y con ello, el agravamiento de los primeros signos de descomposición del aparato franquista que se venían manifestando en los últimos años. Los sectores más inmovilistas del franquismo, el denominado “búnker”, salieron reforzados de este suceso y lograron influir a Franco para que nombrara como sucesor de Carrero a un miembro de la línea dura, Carlos Arias Navarro. Por su parte, con este atentado la organización terrorista ETA dio un salto cualitativo en sus acciones armadas y se convertía así en uno de los principales actores de la oposición al Franquismo.

A pesar de que las autoridades iniciaron una investigación para aclarar los hechos, el caso quedó archivado al comienzo de la Transición y nunca se esclarecieron del todo las circunstancias. Los autores del atentado tampoco llegaron a ser juzgados por estos hechos y tras la muerte de Franco se beneficiarían totalmente de la amnistía concedida en 1977.

 

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La mañana del 20 de diciembre de 1973, como solía hacer cada día antes de acudir a la sede de la Presidencia del Consejo de Ministros, Carrero Blanco fue a oír misa en la iglesia de San Francisco de Borja. Tras la celebración religiosa volvió a subirse a su coche oficial. Cuando circulaba por la calle Claudio Coello, alrededor de las 09:27, los terroristas de ETA activaron las cargas explosivas en el momento en que el vehículo pasó por encima de la zona señalada con una pintada roja sobre la pared. La explosión, que acabó en el instante con la vida de Carrero Blanco, fue tan violenta que abrió un gran cráter en el asfalto y el coche, un Dodge 3700 GT de casi 1800 kilos de peso, voló por los aires y cayó en la azotea de la Casa Profesa anexa a la iglesia donde había asistido a misa momentos antes. Su hija Ángeles, que siempre lo acompañaba, no lo hizo ese día, lo cual evitó más muertes. Posteriormente también fallecieron los acompañantes que iban en el vehículo junto a Carrero, el inspector de Policía Juan Antonio Bueno Fernández y el conductor del vehículo José Luis Pérez Mogena.

 

 

El etarra Jesús Zugarramurdi, Kiskur, había dado la señal a José Miguel Beñarán, Argala, que, subido a una escalera y camuflado con un mono de electricista, detona las cargas explosivas. Kiskur y Argala salen corriendo en dirección a la calle contigua de Diego de León donde les espera al volante de un automóvil Javier Larreategi, Atxulo. «El coche enfila hacia la glorieta de Rubén Darío, y delante de la Escuela de Policía, en la calle de Miguel Ángel, los etarras cambian de vehículo y se dirigen a su refugio en la calle del Hogar de Alcorcón (provincia de Madrid). Los tres militantes de ETA permanecerán escondidos hasta fines de mes en el refugio de Alcorcón, del que les sacará su contacto en Madrid, Eva Forest, disidente del Partido Comunista de España. Un camión les trasladará luego a Hondarribia (Guipúzcoa). Desde allí alcanzarán Francia tras cruzar el río Bidasoa».

 

 

Que se tratara de un atentado terrorista era entonces tan inconcebible que los policías que viajaban en el coche de escolta detrás del de Carrero, y que resultaron heridos a causa de los cascotes que cayeron sobre su vehículo tras la explosión, solo comunicaron por radio a la Dirección General de Seguridad: «Ha habido una explosión. Que manden otro coche para escoltar al presidente, que el mío está hundido». En principio pensaron que el coche de Carrero no había sido afectado por la explosión, pero al no encontrarlo en las calles adyacentes, llegaron a pensar que se podía hallar en el fondo del enorme socavón inundado de agua que había en el centro de la calle. Son unos jesuitas los que les comunican que el coche se encuentra en la terraza de su edificio con tres personas atrapadas dentro. Los policías siguen pensando que se ha tratado de un accidente, de una explosión de gas, y esa es la hipótesis inicial que sostiene el ministro de la Gobernación Carlos Arias Navarro, pero la inspección que realizan los técnicos sobre el terreno descarta que se tratara de gas, lo que no deja otra opción que el atentado terrorista. La hipótesis de la explosión de gas pareció plausible a mucha gente pues el año anterior había habido una en Barcelona que había causado 18 muertos, además de otros incidentes parecidos

 

Información extraída de: https://es.wikipedia.org/wiki/Asesinato_de_Carrero_Blanco

EL ASESINATO DE PRIM

El asesinato del General Prim sigue a día de hoy a ser un misterio y hasta hace un par de años se han seguido haciendo pruebas al cadáver para poder conocer las causas de su muerte. La historia de su muerte es la siguiente:

Juan Prim salía de casa la noche del 27 de diciembre de 1870 a las 19:30, dirigiéndose en un carruaje al Ministerio de la Guerra acompañado de su ayudante personal Nandín y del coronel Moya. Al llegar a la calle del Turco, se encontraron dos berlinas detenidas al final de la misma, desembocando ya en la calle Alcalá.

 

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El carruaje del general Prim tuvo que detenerse ante el imprevisto entorpecimiento. El coronel Moya, que iba situado junto a la ventana se asomó para ver en qué consistía la detención, viendo tres hombres vestidos con blusas que apuntaban carabinas o retacos.

En ese momento el Moya gritó “¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!“. Inmediatamente sonaron tres detonaciones por el lado izquierdo y algunas más por el lado derecho. El cochero, al advertir lo que pasaba, comenzó a insultar y dar latigazos a los asesinos, así como azotó a los caballos para que arrancaran rápidamente atropellando a los dos carruajes que se habían interpuesto en el camino.

 

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Una vez estuvieron en la calle Alcalá, el cochero y el coronel Moya ayudaron a los heridos, el general Prim y su ayudante, a subir al Ministerio de la Guerra. El general Prim subió por sí solo, viéndose ayudado únicamente de la barandilla, pero con la mano y el hombro visiblemente dañados.

 

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Esto es una adaptación de la crónica del suceso publicada el día 28 de diciembre de 1870 en La Información. Ninguna de las heridas que recibió el general Prim aquel día era mortal y unos cuidados correctos hubieran asegurado la curación. No fue hasta el día 29 de diciembre, dos días después del atentado, cuando se comenzó la extracción de los proyectiles, localizando un total de ocho proyectiles en su herida del hombro, no siento utilizados los medios correctos de cauterización de las heridas.

La mañana del 30 de Diciembre, las heridas se habían infectado notablemente, complicando la salud del general Prim. Fue entonces cuando se avisó por primera vez al doctor Sánchez Toca, el mejor cirujano de la ciudad, para que se ocupara del general Prim. Éste, tras reconocer a Prim dijo: “Me trae usted a ver un cadáver“.

Prim murió esa misma tarde, cuando se encontraba en el punto culminante de su poder. Los asesinos, pese a las múltiples sospechas que apuntaban a varios republicanos, nunca fueron identificados.

En 2014 se llevó a cabo una investigación en el cuerpo de Prim hecha por distintas Universidades de España, y esta es una imagen (un poco desagradable) del cuerpo de Prim en ese año.

 

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Información extraída de: http://recuerdosdepandora.com/sin-categoria/el-asesinato-del-general-prim/